SEGURIDAD VIAL URBANA

La inseguridad vial sigue siendo una de las problemáticas más preocupantes en Resistencia Chaco y el área metropolitana. Con cientos de siniestros registrados cada mes y avenidas que concentran una gran cantidad de accidentes, el debate sobre las causas y las soluciones vuelve a ocupar un lugar central.

 En diálogo con Radio Libertad, el especialista en Seguridad Vial Fernando Brolese aseguró que el principal problema no está en las calles o avenidas, sino en las conductas de quienes circulan por ellas. "Las avenidas y las calles no son peligrosas por sí mismas. Se convierten en peligrosas cuando quienes transitan no respetan las normas y cuando la vía no está en condiciones", sostuvo. 

Para el especialista, la ciudad atraviesa un fenómeno que va mucho más allá de las estadísticas y tiene raíces culturales profundas. "Hemos naturalizado una cultura de la transgresión. Es como que si no está el inspector, puedo hacer lo que quiero. Se instaló la idea de que a mí no me va a pasar", señaló. 

Una ciudad donde las infracciones se volvieron costumbre Las cifras son alarmantes. 

Solo durante enero se registraron 475 siniestros viales en el Gran Resistencia, mientras que la avenida Castelli concentró 162 hechos, un promedio superior a cinco accidentes por día. Sin embargo, Brolese considera que el verdadero desafío no es contabilizar los siniestros sino actuar sobre las causas que los generan. "Hay una especie de desprecio por la vida. La transgresión se transformó en una costumbre diaria y eso termina impactando directamente en la cantidad de accidentes", afirmó. 

A su entender, muchas conductas peligrosas están completamente incorporadas a la rutina cotidiana: cruzar semáforos en rojo, circular sin casco, transportar varios pasajeros en una moto o ignorar las prioridades de paso. 

Educación vial: el eslabón que falta 

Uno de los puntos centrales de su análisis fue la falta de educación vial sistemática. Brolese remarcó que, aunque muchas escuelas realizan actividades vinculadas al tránsito, no existe una política educativa permanente que logre modificar hábitos. 

Para ejemplificarlo, relató una situación frecuente: alumnos que reciben una charla sobre seguridad vial y luego observan cómo los propios adultos incumplen las normas al salir de la escuela. "El docente explica durante una hora la importancia de respetar las reglas y después se sube a una moto sin casco. El padre hace lo mismo y pasa el semáforo en rojo. Entonces el chico termina creyéndole al comportamiento que ve y no al discurso que escucha", explicó. 

Según el especialista, ese fenómeno se reproduce generación tras generación y dificulta cualquier cambio cultural profundo. Otro de los puntos críticos es el uso del casco. Brolese cuestionó que muchas personas utilicen este elemento únicamente para evitar sanciones económicas y no por conciencia de protección personal. "El casco no es para salvar la multa. El casco es para salvar la vida. Es un seguro de vida y debe entenderse de esa manera", enfatizó. En ese sentido, consideró que las campañas de control resultan insuficientes cuando no están acompañadas por acciones educativas sostenidas en el tiempo. 

¿Los controles alcanzan? 

El especialista también puso en debate la efectividad de los operativos de tránsito centrados exclusivamente en el secuestro de motos y la aplicación de multas. "No sirve hacer un operativo una vez por semana o una vez por mes. Se secuestran motos, se cobran multas, pero el problema sigue estando", sostuvo. Incluso advirtió que muchas veces los controles terminan funcionando más como herramientas recaudatorias que como verdaderas estrategias de prevención. 

Para Brolese, la solución requiere una presencia estatal permanente, planificación y una utilización más eficiente de los recursos humanos destinados al tránsito. Lejos de atribuir toda la responsabilidad a los conductores, el especialista remarcó que el Estado también tiene una deuda pendiente. "Si transformamos esto solamente en un problema cultural, dejamos afuera la responsabilidad estatal", señaló 

En ese marco, pidió fortalecer las políticas públicas vinculadas a la educación vial, la prevención y la concientización ciudadana. "La educación vial no es una cuestión policial. Es una cuestión social. Tenemos que entender cuál es nuestra responsabilidad dentro de la vía pública", concluyó. Mientras los números de la siniestralidad continúan siendo motivo de preocupación, el desafío parece ser mucho más profundo que un simple operativo de control: cambiar hábitos arraigados y construir una nueva cultura vial que permita reducir accidentes y salvar vidas.





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